Humillarse ante Dios




Esta mañana me desperté de madrugada. Llovía y hacía un poco de frío. Mi mente no dejaba de reposar aquello que me dolía, memorias que causaban agobio y hacían crecer la rabia dentro de mi. 

Como siempre me negaba a orar, sabía que era Dios llamándome a buscarlo para brindarme sanidad, pero mi enojo era mas grande. Deseos de venganza y pensamientos con malas intenciones venían a mi haciéndome contemplar una versión donde yo era la ganadora y los demás, los que me causaban tanto dolor, sufrían ante mis palabras hirientes. 

Al despertar de esa utopía me sentía culpable y llena aún con más de dolor. Estaba harta de seguir viviendo en los recuerdos, de seguir bañándome en tanta rabia. 

Por dos años me había negado a orar y decidí buscar soluciones a mi manera. Nada funcionó, al contrario, como de esperarse, caí más bajo y el sufrimiento fue mayor.

Hoy decidí orar, orar bien, de rodillas ante Dios. Abrí mi corazón y traté de explicarme a mayor grado ante él. Bien sé que él me conoce, y sabe las cosas que aún ni yo misma sé de mi. 

Humillarse ante Dios no es fácil. Reconocer que somos tercos, egoístas y orgullosos cuando a la vez te sientes víctima de lo que te ha ocurrido en la vida, es tan difícil de explicar y aceptar. Pero lo hice. Acepté  mi fracaso y acepté  que estoy mal. Acepté que mis intenciones no son las mejores y mi carácter el peor. 

Pero no tenía fe. Me faltaba la fe de que Dios obraría en mí. Porque no lo sentía. Y lo confesé a él y le pedí que me ayudara a orar, a creer, a soltar el dolor y la rienda de mi vida para que la tomara él. Porque estoy cansada, no puedo más y la contemplación de acabar con mi vida se hace cada vez mayor. Y eso es un pecado que no puedo cometer. 

Al terminar mi oración decidí que si quiero tener una relación con Dios no sólo debo orar, ni asistir al templo. Debo escucharle. Pedí dirección del Espíritu Santo Y decidí una vez más abrir la biblia. 

Descargue la aplicación en mi teléfono y me di cuenta que tenían varios programas de estudio. Opté por el estudio sobre el enojo que es lo que siento dentro de mi. Una rabia que no puedo quitarme de encima y me hunde cada vez en la miseria. 

Mi sorpresa fue encontrar un estudio bíblico específicamente para mujeres y el primer versículo de apoyo hizo correr mis lágrimas como una fuente sobre mis mejillas. Mi piel se erizó y mi espíritu se alegró al contemplar la maravilla de Dios, su generosidad y amor hacia mi después de ser quien soy y haber hecho lo que hice. 

El versículo es Isaías 43:13 “Porque yo Jehová soy tu Dios, quien te sostiene de tu mano derecha, y te dice - No temas, yo te ayudo-“. 

No sé que me deparará el futuro, no sé que cambios llegarán a mi vida. Pero Dios me ayudará a confiar en él, ¡a dejar de temer! Esa es su promesa, esa es su respuesta a mi oración. ¡Una respuesta inmediata!  

Por estos dos años me he sentido tan lejos de Dios e incapaz de volver a él. Pero hoy me reanima reconocer, recordar y rectificar que:  

¡Dios escucha! ¡Dios perdona! ¡Dios ayuda! ¡Dios ama!


Nohemí 

Comments

  1. No hay nada cómo depender de Dios. Estoy para lo que necesites. He orado por ti y deseo que estés bien. Te quiero.

    ReplyDelete

Post a Comment

Popular posts from this blog

“En esto pensad”

Respiro de Dios

“Al que amo amonesto”