Quédate quieto...
Mi hijo de 4 años de edad muy difícilmente se queda tranquilo cuando desea obtener alguna cosa que le es de interés. Generalmente comienza exigir que se le supla en el momento y tengo que explicarle que debe esperar y que obtendrá quizá algo mejor si puede esperar un poco de tiempo más. Muy pocas veces me funciona, pero es de esperarse que los niños pequeños tiendan a ser así y nos toca a los padres lidiar con esas circunstancias. Algo parecido sucede cuando oramos, en especial cuando estamos en agobiante intranquilidad por superar ese momento doloroso. Deseamos que Dios responda a la prontitud y así darnos paz. La frustración llega cuando Dios tarda en responder o las cosas suceden de manera distinta a la que pedimos. Más no debemos olvidar que Dios todo lo sabe, lo que necesitamos y lo que deseamos. El suple constantemente esas necesidades aún sin darnos cuenta. ¿Pero cómo es que Dios suple una necesidad y no podemos darnos cuenta? Simplement...