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Showing posts from January, 2019

Quédate quieto...

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Mi hijo  de 4 años de edad muy difícilmente se queda tranquilo cuando desea obtener alguna cosa que le es de interés. Generalmente comienza exigir que se le supla en el momento y tengo que explicarle que debe esperar y que obtendrá quizá algo mejor si puede esperar un poco de tiempo más. Muy pocas veces me funciona, pero es de esperarse que los niños pequeños tiendan a ser así y nos toca a los padres lidiar con esas circunstancias.  Algo parecido sucede cuando oramos, en especial cuando estamos en agobiante intranquilidad por superar ese momento doloroso. Deseamos que Dios responda a la prontitud y así darnos paz. La  frustración llega cuando Dios tarda en responder o las cosas suceden de manera distinta a la que pedimos.  Más no debemos olvidar que Dios todo lo sabe, lo que necesitamos y lo que deseamos. El suple constantemente esas necesidades aún sin darnos cuenta. ¿Pero cómo  es que Dios suple una necesidad y no podemos darnos cuenta? Simplement...

“En esto pensad”

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No encuentro  manera de agradecerle a Dios por sus bondades. Su tierna manera de corregirme y hacerme ver mis errores. Es grande y sublime, de una misericordia sin expiración. ¡Le doy la gloria al escribir este blog!   Por mucho tiempo oraba pidiéndole a Dios que me guiara y que me hiciera ver las cosas con claridad ya que desconfiaba de mi entendimiento espiritual. Le pedía que como a niña pequeña me mostrara el camino que debía andar. Sé muy bien que él lo hacía, pero mi terquedad era mayor y me cegaba.  Por años continuaba con los mismos resultados creyendo caprichosamente que los que debían cambiar para hacerme feliz eran los que estaban a mi alrededor. Ponía de mi parte, sí, pero sólo hasta el límite de mi comodidad, porque esa persona que me había dañado me debía y por ende debía esforzarse más.  Día con día mi enfoque no cambiaba de lugar a pesar de que Dios me mostraba el camino que debía andar. Mis constantes quejas, incertidumbres, miedos y ...

“Al que amo amonesto”

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Hace un par de años atrás puse en manos de Dios una petición muy especial y confié que actuaría a mi favor. Pasó el tiempo y parecía que todo marchaba bien, sin embargo, mi decepción fue muy grande al descubrir que no era así. Sentí deseos de correr muy lejos y tan fuerte que las fuerzas físicas me hicieran desaparecer y evaporarme sin dejar rastro ni recuerdo alguno de mi existencia en el pensamiento humano. Estaba enojada, muy enojada y decepcionada de Dios. ¿Por qué no había respondido mi oración? Si la había hecho de todo corazón y sinceridad y era para bien. ¿Por qué permitía que siguiera pasando todo aquello si yo estaba poniendo toda mi fe en que él actuaría a mi favor? ¿Qué acaso la fe no mueve montañas? Tantas y tan duras preguntas y acusaciones tenía en contra de él por no haber actuado. Dentro de mi, el lado espiritual que se resistía a ceder, me daba indicaciones de que Dios estaba actuando aún, y me decía que el ser humano es libre de decidir y Dios es digno en...

Respiro de Dios

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Se torna difícil perdonar cuando te han hecho tanto daño. Cuando te han dejado sin ilusiones y sin deseos de vivir. Cuando la razón es atormentada por continuas mentiras difícilmente se distingue lo real. Te empapas cada día de un dolor que mutila.  Me cuesta dejar atrás la rabia que me ha mantenido fuerte; la vulnerabilidad es inmensa como una célula en reacción explosiva. Clamo a Dios cada instante que me de la serenidad para evitar cometer los mismos errores de antaño pues deseó hacer las cosas diferente y para eso necesito modificar mis reacciones, mis palabras, y mis sentimientos. No puedo confiar en mi. Pero tengo miedo, miedo de lo que vendrá, de todo lo que voy a enfrentar. Pero regreso a la promesa de Dios que él será mi sustentador (Isaías 41:13).  Por años busque remedio en lo que me causaba enfermedad. Después busqué refugio en otras actividades y amistades pero nada podía ayudarme. No puedo aferrarme mas que a la Fe que Dios esta conmigo como lo h...

Humillarse ante Dios

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Esta mañana me desperté de madrugada. Llovía y hacía un poco de frío. Mi mente no dejaba de reposar aquello que me dolía, memorias que causaban agobio y hacían crecer la rabia dentro de mi.  Como siempre me negaba a orar, sabía que era Dios llamándome a buscarlo para brindarme sanidad, pero mi enojo era mas grande. Deseos de venganza y pensamientos con malas intenciones venían a mi haciéndome contemplar una versión donde yo era la ganadora y los demás, los que me causaban tanto dolor, sufrían ante mis palabras hirientes.  Al despertar de esa utopía me sentía culpable y llena aún con más de dolor. Estaba harta de seguir viviendo en los recuerdos, de seguir bañándome en tanta rabia.  Por dos años me había negado a orar y decidí buscar soluciones a mi manera. Nada funcionó, al contrario, como de esperarse, caí más bajo y el sufrimiento fue mayor. Hoy decidí orar, orar bien, de rodillas ante Dios. Abrí mi corazón y traté de explicarme a mayor grado ante ...